
Libros a los cuatro vientos
(…) Con esto llego a la función educativa que tenemos los bibliotecarios y en general los profesionales de la información. Debemos ayudar a los ciudadanos, en un mundo de información desigual e incontrolable, a orientarse por sí mismos y a participar en él de una manera integrada, cooperativa, reflexiva, consciente e intencional.
(…) Y la biblioteca también ha sido ella misma metáfora, y en concreto de dos ideas contrapuestas: expresión del orden de las cosas, al ser el lugar donde se sistematizaba el conocimiento (la Biblioteca de Alejandría sería el ejemplo de ese orden), pero también de la inasibilidad o la infinitud (la borgiana Biblioteca de Babel ). Y hoy se habla de la Web como gran biblioteca universal, si bien desordenada o selvática.
(…) Cuando alguna metáfora se impone, se va ampliando su uso aprovechando los términos que forman parte de su campo semántico. Así, en los océanos las personas navegan como marinos, naufragan, bucean, nadan, se hunden o se ahogan. Por eso tenemos también navegadores, internautas, cuadernos de bitácora como los nuevos blogs o diarios de nuestra navegación, cartas náuticas y “faros”, la metáfora de las bibliotecas según la Declaración de Alejandría.
Fragmentos del texto “Las metáforas del mundo de la información, y los bibliotecarios“, de Gómez-Hernández, José-Antonio, publicado en (2008) El profesional de la Información 17(3):pp. 340-342.